36. Hay una carta en mi buzón
Esta frase suena ya un poco como parte del pasado, de cuando
reconocíamos a las personas por su letra, mandábamos postales cuando nos íbamos
de vacaciones, o contábamos nuestras aventuras en un folio.
Una vez descartado que sea del banco, de Hacienda o de
Tráfico, la abrimos y… ¡Sorpresa, sorpresa…! Nos han invitado a una boda. ¿Cómo
reaccionas?
a)
Te hace mucha ilusión aunque creas que esos
familiares o amigos ya estaban tardando en casarse (o en decidir si invitarte)
b)
Es la
excusa perfecta para una buena puesta a punto, una tarde de compras y con una
merienda calórica como colofón, sin mirar los cargos de la tarjeta
c)
Es el pretexto para un previo fiestón de
despedida y una escapada
d)
Habría preferido la multa…
e)
Antelación, presupuesto, y seguir Me subo el
sueldo
Si tus respuestas han sido a), b) o c), lee este post bajo
tu exclusiva responsabilidad.
Al resto también les hace ilusión, pero se han tenido que
tomar un paracetamol de un gramo por un dolor repentino, agudo y persistente
que se ha instalado en su bolsillo al recibir la noticia. Y si no… ¡Ah, se
siente, haber elegido multa!
Lo prometido es deuda. Ya adelanté que el post Nos
casamos tenía su continuación, y aquí la tenéis. Unos poquitos tips para
los invitados, con la nueva normalidad.
Y… ¿qué hace un ratilla para no arruinarse si le invitan a
una boda? Se puede pasar de ir, diciendo que no se puede dejar al unicornio
solo todo un día, o ir sin regalo (una invitación es una invitación, ¿no?).
Nadie lo impide, realmente. Eso es muy ratilla, pero aspiremos a ser de pro. ¿Cómo
estiramos el presupuesto, si al final no nos queremos perder ese “sí, quiero”?
1.
Si la boda es de alguien de menos confianza (por
ejemplo, del trabajo), puedes saltártela con educación, sobre todo si es fuera
de tu ciudad. Lo entenderán, y a lo mejor les viene hasta bien. Pero si te
apetece de verdad, o no te atreves con un “no”, intenta no llevarte a la pareja
ni a tus hijos. Sobran explicaciones.
2.
Si la boda se celebra fuera de tu ciudad, confirma
rápido cuántos vais, e intenta ahorrarte alguna noche, la preboda o la posboda.
Intenta acoplarte en casa de un familiar o amigo, pero si no puede ser, reserva
con tiempo cerca del lugar de la ceremonia, para ahorrarte algún
desplazamiento. Por algo se empieza. Los novios suelen hablar con hoteles y
negociar precios. Puede que te vaya bien el que hayan elegido, pero si no es
así, no estás obligado.
3.
Vestuario de hombre. Tú lo tienes fácil. Va a
ser lo que menos miren (salvo que vayas con una camisa estilo Chiquito de la
Calzada, calcetines blancos o zapatos de rejilla), así que si no has engordado
mucho desde la última vez, desempolva tu traje de todas las bodas, y plánchalo.
Puedes cambiar de camisa, corbata o zapatos si quieres. Si eres testigo y te
imponen un protocolo, mira varios presupuestos de alquiler de chaqués, etc, y
escoge el que más te convenga. Te evitarás que una prenda que no volverás a
utilizar te quite espacio en el armario, y te exija mantenimiento (tintorería,
planchado especial)
4.
Vestuario, maquillaje y peluquería para mujer.
Ay, ay, ay. Sé fuerte y pasa del qué dirán, prepara presupuesto, o lee debajo.
- Traje:
Si no te planteas otra cosa que comprarlo, espera a rebajas, compra de
segunda mano en Vinted o Wallapop, o en un outlet. Es buena opción si tienes
más bodas a la vista y lo quieres volver a utilizar. Y luego, ¡véndelo! Así
recuperas dinero, y sitio en tu armario. También puedes comprarte un vestido
básico, intemporal y discreto, y dar rienda suelta a tu imaginación en los
complementos, con ayuda de las tiendas de chinos, el armario de tu amiga, o incluso
haciéndolo tú misma (personalizar una pamela o un bolso no parece difícil).
También puedes alquilarlo, tanto el traje como accesorios. Hay tiendas y webs
que lo ofrecen. Si solo piensas usarlo esa vez, te ahorras la tintorería, y que
pierda valor en tu armario.
- Peluquería: Si no te vas a hacer un
peinado muy sofisticado, reserva con tiempo en tu salón de confianza, y no
digas que es para una boda. Si tienes maña y solo vas a peinarte, ¿por qué no
lo haces tú? Te vendrá muy bien lo ahorrado por si no resistes a extorsiones en el postre para comprar un trozo
de liga, o al final te toca coger un taxi.
-Maquillaje: Estamos de acuerdo en que los
profesionales pueden quitarnos años, cansancio, y lo que nos propongamos con un
buen trabajo, pero también euros de la tarjeta. Con nuestros propios productos
(y/o los que nos presten), y un par de tutoriales en YouTube, aprenderemos una
nueva habilidad, y hasta ayudando unas invitadas a otras (amigas, hermanas…), hacemos
que ellas también ahorren.
-Calzado: Es mejor llevarlo de calidad, al
final del día se nota. Lo dicen nuestros pies, no yo. En un color neutral y
diseño sencillo, pueden reutilizarse más veces. Pero si nos da coraje gastarnos
una pasta en unos zapatos para una sola vez, y los compramos baratos sin mirar
calidad, no nos olvidemos de las almohadillas de silicona y los salvatacones, o
un par de zapatos más cómodos para después del banquete, si queremos que nada
nos corte el rollo.
5.
Desplazamientos: Organizarse con tiempo hace que
se saquen menos coches, y entre todos los invitados se gaste menos gasolina,
parkings, etc. Ir y volver en el día suena a paliza, pero es buena opción. Se
bebe menos porque hay que conducir, y se ahorra en alojamiento. Y si la boda es
de noche y no queda más remedio, la comida previa se puede hacer sin que sea de
restaurante.
6.
Despedida: Los hijos son la mejor excusa para
saltársela, o que ya no estamos para desfasar, y luego conducir al día
siguiente, a estas edades. Porque al final, entre el viaje, pernoctar, comidas
y cenas, bebidas y regalitos, invitando al anfitrión, se nos va una pasta.
Ratilla, si te pierdes una boda, que no sea tu bolsillo
quien lo impida. Disfruta, y sigue Me subo el sueldo.
Me ha gustado mucho Carla, lo tendré en cuenta en las próximas bodas
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