42. Quién no llora, no mama (así qué lee, pregunta y reclama).
¡Hola, ratillas!
Se me ha adelantado Carlos San Juan actuando, pero no por eso voy a dejar de daros consejos. Este señor es el ídolo de un ratilla de pro. Un buen día se cansó de la desatención recibida de los bancos, e impulsó una campaña en change.org. Consiguió un montón de firmas, salir en todos los medios denunciando la exclusión digital de los mayores, y ahora están las entidades financieras haciéndoles un hueco... ¿por la cuenta que les trae?
Este señor ha sido pionero en España. Nosotros estamos aquí para continuar su labor. No solo los mayores están abandonados por los bancos. Los jóvenes también. Que levante la mano el que nunca haya pedido un préstamo y se haya llevado puestas tres tarjetas y dos seguros como mínimo. La falta de tiempo es la primera excusa que se nos ocurre para caer en la trampa, pero sale muy cara. Hay que sacar tiempo para nuestras finanzas:
- En la cola de una tienda (o banco, jeje)
- Mientras descargamos un archivo en el ordenador, podemos usar el móvil
- Viendo por enésima vez Buscando a Nemo
- Mientras otro conduce
- Mientras nos toman nota en el restaurante
En esos tiempos muertos, podemos buscar y comparar ofertas, descartar, y definir nuestras necesidades. Y antes de firmar, leer. Si nos meten prisas, hay que desconfiar. Se pide el tiempo que haga falta, o se echa uno atrás. Cero de firmar sin leer.
Una vez hecho todo esto, y comprado el producto, ahora nos encomendamos a nuestra suerte para que se cumplan nuestras expectativas. Y si no es así, ¿se puede hacer algo? Por supuesto.
1. Ejercer el derecho de desistimiento. Las empresas están obligadas a darnos 14 días para desistir de un servicio.
2. Cambios y devoluciones: hay que conservar todos los tickets y pruebas de compra, envases y embalajes. Es verdad que hay que leer la política, y que los comercios tienen ahí cierta libertad, pero para algunas cosas tienen obligaciones. Un producto defectuoso tiene que ser cambiado, si así lo solicita el comprador.
3. Reclamaciones. Todas las empresas tienen que tener un teléfono gratuito de atención al cliente, y una dirección de contacto. Muchas veces no la ponen en lugares visibles, o el teléfono está siempre ocupado. Un ratilla de pro no se cansa aquí. Aunque hay oficinas municipales de Consumo, y cada Comunidad Autonoma tiene su Consejería, no dejan de ser Administraciones lentas y rígidas, que cuando quieren tan solo contestar a tu reclamación, ya se te olvidó el incidente, e hiciste limpieza de cajón, o se borró la tinta de tu ticket de compra. No desesperes, no estás indefenso. Las empresas protegen mucho su prestigio, y una crítica en una red social les mueve más que ninguna autoridad. Eso sí, redáctala de forma que la entienda cualquiera, no insultes, y básate en hechos. No es lo mismo decir "La dependienta es una borde" que "Lo pedí el día 16, estamos a 20 del mes siguiente y me acaban de llamar para decir que no tienen stock".
4. El comodín de Protección de Datos. Con el GDPR, si demuestras que una empresa ha vulnerado tus derechos sobre tus datos personales (cederlos a terceros sin tu consentimiento o meterte en listas de morosos sin mencionarlo en las Condiciones Generales que aceptaste sin leer, y lo sabes). Puedes hasta obtener una indemnización si lo denuncias en la AGPD. Ahí no se andan con tonterías. Y no viene mal un pellizquito de vez en cuando, aunque al final acabe siendo para mantenimiento del coche, o reponer algo que se ha roto.
Y ya en general, si estás a merced de escaladas de precios de dudosa justificación, o crees que reclamar no sirve, métete en asociaciones de consumidores, busca alternativas, cuestiónate si es tan imprescindible el producto, o haz como Carlos San Juan. Pero no te quedes parado. Que tu jefe también te brea cuando no le tienes "lo suyo" "para ayer".
Olé Carla!!! Qué razón tienes! Ha sido mi lema en vida: "El que no llora,no mamá". Gracias,lo retomo.Besitos.
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