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46. Date un gustazo. ¡Sin remordimiento!

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 ¡Hola, ratilla! ¿Cuánto hace que no te das un caprichito, un pecadito venial...? Seguro que una amiga o un cuñado te vienen poniendo los dientes largos con un vino bueno que le ha regalado un cliente, una tarde de compras, una manicura completa, o una escapada.  Mientras tanto, se te revuelven las tripas. Te viene a la cabeza la renta que ha salido a pagar este año, la clavada del taller de la semana pasada, y ese hoyo que se ha instalado en tu colchón.  "Todo no se puede", dices para zanjar el tema. Y así, día tras día, la cena romántica se pospone o se hace en casa, previa batalla campal en la cocina. El viaje al Caribe termina siendo a Benidorm. Los stilettos rojos acaban convirtiéndose en una cita con el dentista. Y un día (tras otro) te levantas con el pie izquierdo, y ya no sabes explicar por qué. Analizas tu vida fríamente: estás conformes con tu trabajo, te alimentas correctamente, estás bien de salud, y también la familia, no te faltan amigos, la relación va bie...

45. La demanda

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Buenas tardes a todos. Pasadas las cuaresmas y vigilias (y si me apuráis, ya casi el Ramadán, me juego un roquefort a que todos sabéis lo que es la demanda. Básicamente, es el número de unidades solicitadas de un producto. En términos relativos, la relación entre unidades solicitadas y unidades ofrecidas. Si sale muy alta, sube el precio. El vendedor puede ganar más con cada unidad vendida, y lo sabes. Y al revés: los comercios hacen rebajas para deshacerse del stock.  Lo explicamos con un decálogo. 1. La demanda condiciona el precio, pero no es el único factor.  2. La demanda de algunos productos varía según su precio. ¿Quién no ha madrugado ningún primer día de rebajas? 3. La demanda se puede forzar artificialmente: una buena campaña de marketing puede enganchar a mucha gente. O una campaña contra una empresa o producto, puede echar por tierra su reputación. Véase lo que ha pasado con Burger King hace poco.  4. El miedo hace que determinados productos se demanden, y con...

44. ¿Cuánto vale?

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 ¡Hola, ratillas! Los economistas manejan muchos términos para realidades desde lo más simple hasta lo que se nos escapa por ir más allá de nuestro bolsillo. Pero un ratilla de pro, hablando de lo más sencillo con propiedad, se hará entender y entenderá mejor primero sus necesidades, y luego todos los retos a los que su cartera se puede enfrentar en su día a día. La tentación vive arriba... y en todas partes. Vamos a poner un ejemplo. Un aprendiz de ratilla va por la calle, y en un escaparate ve  unas zapatillas de deporte negras, último modelo de una marca conocida. Los ojos le hacen chiribitas, y se olvida de que iba a hacer fotocopias. Entra en la tienda y pregunta: "¿Cuánto valen?" Respuesta: "Lo que usted considere". Se queda desconcertado, mira sorprendido al vendedor, y formula de nuevo la pregunta: "¿Cuánto cuestan?" Y éste le contesta: "Lo que para usted suponga. No sé cuánto gana, así que no le puedo decir cuántas horas de trabajo. Y si no t...

43. Operación bikini

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¡Hola, ratillas! No hemos hecho más que cambiar la hora, y viene una ola no precisamente para hacer surf. Se han desplomado los termómetros, y volvemos a valores de enero.  Y encima, para colmo de males, los precios se disparan. ¿Quién quiere comer ensalada fría, o salir a correr al parque? No tenemos aquí la fórmula de la Coca-Cola, pero sí unos pequeños trucos que no te van a sacar de pobre, pero algo ayudan. 1. Come sano. Si el finde guarreas, el resto de la semana cocina platos sencillos con productos frescos. Si se disparan, date un garbeo por los congelados antes de pasarte a los ultraprocesados. Unas judías verdes y una sepia de la cámara de frío son una combinación equilibrada y ligera.  2. Fíjate en las ofertas. Si un vegetal fresco no lo vende tu tienda al precio que le gustaría, una de dos: o lo rebaja, o lo tira. Mantente al acecho, y aprende a hacer escalibada aunque tu idea inicial fuera en principio brócoli.  3. Bórrate del gimnasio si estás pagando y no va...

42. Quién no llora, no mama (así qué lee, pregunta y reclama).

¡Hola, ratillas! Se me ha adelantado Carlos San Juan actuando, pero no por eso voy a dejar de daros consejos. Este señor es el ídolo de un ratilla de pro. Un buen día se cansó de la desatención recibida de los bancos, e impulsó una campaña en change.org. Consiguió un montón de firmas, salir en todos los medios denunciando la exclusión digital de los mayores, y ahora están las entidades financieras haciéndoles un hueco... ¿por la cuenta que les trae? Este señor ha sido pionero en España. Nosotros estamos aquí para continuar su labor. No solo los mayores están abandonados por los bancos. Los jóvenes también. Que levante la mano el que nunca haya pedido un préstamo y se haya llevado puestas tres tarjetas y dos seguros como mínimo. La falta de tiempo es la primera excusa que se nos ocurre para caer en la trampa, pero sale muy cara. Hay que sacar tiempo para nuestras finanzas: - En la cola de una tienda (o banco, jeje) - Mientras descargamos un archivo en el ordenador, podemos usar el móvil...

40. Me han robado la cartera

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 ¡Hola, ratillas!  No hablamos de nuestros politicos. Hablamos de esa especie que tiene por hábitat las multitudes, especialmente transporte público, centros comerciales, espectáculos y ocio nocturno. Van a la caza del descuido y, en cuestión de segundos, convierten nuestro planazo en un día para olvidar. Te distraen haciendo que mires a otro lado, te cierran el paso al entrar en el Metro para que, al forcejear para meterte, quites la mano del bolso y la metan ellos; te abren la cremallera de la mochila sin que te enteres,... o te lo rajan. Lo primero, ¿cómo podemos minimizar el riesgo? 1. No dejándola a la vista, o dejándola cerrada con llave. Suena obvio, pero ¿qué hacemos en piscinas y gimnasios? ¿Y al aire libre? ¿Y en el coche? A un ratilla le va a fastidiar pagar por una taquilla, pero siempre va a ser mejor que quedarse sin cartera. 2. No separarse de ella. También parece de perogrullo, pero cuando viajamos, no debemos llevarla en el equipaje que vaya en bodega. Y tampo...

38. Vuelve, a casa vuelve

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  Madrileños, pobladores de la España vaciada, progres, carcas, pasotas, veganos, taurinos, millennials, boomers, todos acabamos entonando esta canción como un villancico más. Y, a pesar de la crisis económica, de la pandemia (que ya parece una marejada con tantas olas), y de lo mal que cae este año, todos volvemos a casa por Navidad. Y como las empresas de transportes no se chupan el dedo, ya se lo saben y disparan los precios. A veces, también convocan huelgas para crear un poquito de tensión. Y si crees que porque tengas un coche eres intocable, mira cómo se ha puesto la gasolina. Y tú ratilla, ¿qué haces para no tener que elegir entre cenas, regalos y visitas familiares, si vuelves a casa? En lo que nos dais vuestras respuestas, vamos proponiendo algunas ideas. 1.        Transporte público por tierra: Cae por su propio peso. Si puedes reservar con tiempo, aseguras disponibilidad y precio moderado.   2.      ...